Hay personas que menosprecian la novela frente al ensayo, tomándola como un género menor, facilón y con menos enjundia, apto para mentes ligeras o vagonetas, cuya pereza les impide adentrarse en labores de mayor esfuerzo intelectual optando por ésta como un simple instrumento de evasión.
Estas personas suenen percibirse a sí mismas como lectores/as de “mayor calidad intelectual”, inconsciente y seguro que involuntariamente, pero lo hacen. No es raro oírles decir aquello de….lo he intentado, pero no he podido terminármela…
Sin embargo devoran con fruición textos que les ayudan a organizar en sus cabezas ideas o intuiciones que otros, al ponerlas blanco sobre negro, convierten en tesis y certezas. El ensayo les ayuda a analizar, a reflexionar, a actuar. Les estructura la mente. Les da seguridad sobre sus propias creencias.
Reconozco que a mí me tira más la novela y en ella enuentro una fuente de comprensión de teorías, hechos y emociones igual o más potente que en muchos ensayos.
A modo de ejemplo y puestos a comprender algo muy concreto, creo que pocas lecturas han aportado más luz sobre el rol de la mujer británica en la Europa del XIX que las historias de las hermanas Bronte, Austen o Eliott. Ningún escrito más radicalmente feminista que éstos de mujeres escritos por mujeres. Novelas son.
Por no hablar de Tolstoi y sus cuñas de teoría política puestas en boca de personajes al servicio de sus propias ideas.
¿Y Galdós, Flaubert, Stendhal, Woolf, etc,et, etc? … no acabaríamos nunca.
