mano de buda
Tengo en mi terraza una mano de Buda, auténtico triunfo de la naturaleza en un Madrid aparentemente hostil con los cítricos.
Santos y Jose me dijeron que era imposible su cultivo en esta tierra fría y mesetaria. Ellos llevan años intentándolo con su arbolito traído de los viveros de Oscar Tintori de Toscana y nada….
La pasada primavera mi árbol empezó a florecer enloquecidamente y al menos 7 de las flores se convirtieron en minúsculas garras verdes que, frente a todo pronóstico, sobrevivieron hasta el fin de semana del 1 de junio de 2012. Esos días estábamos él y yo fuera de Madrid y aprovechando la circunstancia nuestro hijo mayor organizó una fiesta en casa. Me imagino que, dada la temperatura primaveral de esos días y que R. obviamente no permitía a nadie fumar en nuestro salón, la terraza se convirtió en destino ideal para los adolescentes que entraban y salían a placer, con el inevitable tantarantán para mis macetas.
Cuando él y yo regresamos, nuestro piso estaba impecable. Nada fuera de su sitio…menos la terraza. Allí vi que las macetas habían sido «recolocadas» en un intento de facilitar el tránsito «de dentro a fuera» y como daño colateral, 5 de las 7 garras verdes reposaban en el tiesto. De las 2 supervivientes, una es la que ahora, orgullosa, enseño en esta foto.
Es un fruto que planta cara a las temperaturas castellanas. Enorme y de color amarillo brillante a pesar de la polución que le acecha. Monóxido de carbono, calefacciones, chimeneas de restaurantes a su alrededor y nada…ahí sigue él, insultantemente bello. Será que es madrileño.
Y por eso no lo corto…y va mermando la fuerza de su padre árbol…y así lo dejaré hasta que Santos y Jose vean que en Madrid también se puede….