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Recuerdo el libro de obligada lectura en el año de COU. Estaba encuadernado en colores naranja y azul y yo lo había forrado cuidadosamente con plástico. No sé donde lo tengo ahora, pero esté donde esté conservará los subrayados en lápiz que fueron profanando casi todas sus páginas (sí, a veces subrayo libros…)
No sé muy bien qué me pasó con Pedro Páramo, pero podría describirlo como un enganche emocional sin control. De él me gustaba TODO, como a Don Peregrino le gustaba todo de la Virgen María…cada párrafo cargado de imágenes que me transportaban a lejanos pueblos semi abandonados, destruidos y en los que las paredes blancas de sus ruinas me taladraban los ojos bajo un sol de justicia.
Su mar….»en el mar sólo sé bañarme desnuda…»o quizás «en el mar solo me sé bañar desnuda…»
Y yo convertida en esa mujer que se zambullía en el océano al atardecer.
Durante mucho tiempo lo tuve cerca de la cama y todas las noches lo abría al azar para leer cualquier párrafo. Entonces lo de menos era el argumento; lo importante era la belleza poética de aquellas frases, según algunos mezcladas al azar en timbas de cartas y alcohol entre literatos latinoamericanos de renombre…
Fuera lo que fuera, da igual. Se me metió en el alma. Ahí sigue.