Hasta hace relativamente poco tiempo he sido partidaria de las políticas de cuota femenina. Me parecía que eran un instrumento eficaz y rápido para cambiar modelos culturales en los que la mujer era sistemáticamente objeto de discriminación, tanto en la esfera pública, como en el ámbito privado. Probablemente cegada por ideología, falta de madurez y pasión ante la injusticia, he discutido sobre este tema con muchas personas, pero hete aquí, que he cambiado de opinión.

Los años y la aplicación del lema EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS, me han hecho reconsiderar mi posición al respecto. También habrá influido que soy madre de 3 hijos, todos ellos varones, y no me gustaría ver condicionado su desarrollo personal o profesional por un “hay que dejar paso a las chicas”, la verdad.

Dicho esto, tampoco quiero dar lugar a malas interpretaciones. Me parece infumable la ausencia de representación femenina en gran parte de los Consejos de Administración de este país, o las diferencias salariales DEMOSTRADAS entre hombres y mujeres para la misma posición laboral y cómo no, que las medidas de conciliación diseñadas por Administraciones y empresas vayan casi siempre enfocadas hacia la mujer (quien ya concilia por obligación y devoción) y no hacia los hombres, que son quienes de verdad tienen que “cambiar el chip” y obligarse a conciliar.

Me hago estas reflexiones en el día INTERNACIONAL DE LA MUJER, porque en lo que sí creo firmemente es en nuestro derecho a reivindicar nuestra condición FEMENINA con nuestras peculiaridades y nuestros propios valores, que no son necesariamente los mismos que tienen los hombres.
Creo absolutamente necesario celebrar cada año este día, y que no se pierda en nuestra memoria lo que otras mujeres tuvieron que luchar para que algunas de nosotras tengamos los derechos que hoy tenemos y sin olvidar que a día de hoy todavía hay millones de féminas que por el simple hecho de haber nacido mujer son ciudadanas de tercera categoría.
8 de marzo de 2013