ObamaHarris[1]

“Tienen que tener cuidado con ella”, comenzó Obama al dar apertura a las presentaciones de los notables que asistían al evento. “Primero porque es brillante, dedicada y perseverante y la persona que quieren tener aplicando la ley, ya que se asegura de que todo el mundo es tratado por igual”, prosiguió el presidente. “Pero es que resulta que además es, de lejos, la fiscal general más guapa del país”

“El grado en que las mujeres son juzgadas por su apariencia sigue siendo un obstáculo importante para la igualdad de género en el mercado laboral. Las mujeres tienen dificultades para ser juzgadas exclusivamente por sus méritos”, escribió Jonathan Chait, comentarista de la revista New York Magazine. “Obama necesita un curso de entrenamiento en cuestiones de género”, insistió en su blog.

El país, 5 de abril 2013

Obama hizo un comentario. Obama cometió un desliz. Obama crucificado en medios y redes sociales por ello.

El sábado pasado hablaba con un colega de Román, que es además amigo, de las declaraciones de Obama en la presentación de Kamala Harris como Fiscal General del Estado. José Manuel, en un análisis 100% coincidente con la derecha americana (que no perdió la oportunidad de organizar un linchamiento virtual en las redes sociales) afirmó sin matiz alguno que el comentario sobre su belleza había sido desafortunado, políticamente incorrecto e inoportuno. Me vi defendiendo a Obama, partiendo del hecho de que sus piropos resultaban ser la guinda de una serie de afirmaciones previas del presidente sobre la valía intelectual de la nueva fiscal, su carácter trabajador y voluntarioso y su dedicación a la ley. No le convencí.

La belleza es un atributo muy denostado en el combinado mujer-carrera profesional. En el pasado, cuando la mujer apenas estaba presente en el mundo laboral, carecía de formación y su futuro dependía básicamente de los hombres (padre/marido), la belleza y las posibilidades que ésta le brindaba a la hora de realizar un buen matrimonio, era clave para que pudiese participar en el diseño de su propio destino. Ahora las cosas (ojo, hablo de Occidente y países sociológica/políticamente asimilados) son cuanto menos un poco más complejas….

Creo que esa incomodidad que provoca “la belleza” cuando hablamos de mujeres exitosas, estriba en que ésta no es un mérito propio, es un regalo, algo gratis y sobre el que poco más que la genética tiene responsabilidad alguna. Y me pregunto… ¿Es que la inteligencia, la capacidad para ser creativo o innovador, cierta sensibilidad, la sagacidad, etc, no vienen también grabados en nuestro ADN?, ¿acaso no son atributos sobre los que es difícil atribuirse mérito alguno, más allá de lo que nuestra educación y trabajo hayan fomentado ?, ¿porqué estos valores sí y la belleza no a la hora de definir a las personas?
Por favor, si alguien se ha mojado por las mujeres mostrando un feminismo sin complejos, ese ha sido Obama.

Y aunque chirríe decirlo, también a los hombres se les valora su belleza/buena presencia en el mundo laboral, e imagino que es por cuestiones de corrección política por lo que la posición de Jonathan Chait es la que hay que adoptar, pero bueno, en todo caso y como diría Jo, yo creo que la clave, para bien y para mal está en que “los guenes son muy cabgrones…”