Camelias de Borela

Mi madre acaba de enviarme esta foto. No es una foto fabulosa, pero a mí me encanta por lo que signifca.

Hace años que mis padres talaron en Borela (horror!!!) media docena de pinos que en verano servían para instalar hamacas y dar sombra a la mesa de comer exterior. La justificacion para semejante atropello era que, según mi padre, estaban demasiado cerca de la casa y, o bien podían caer sobre ella con la llegada de un temporal, o colaborar en su destrucción por un fuego de estío galaico.
Yo creo que, sobre todo, a él no le gustaban. Eran unos pinos del país altos y flacuchos, desabridos, sin aparente mayor interés que yo hubiese dejado allí.

A cambio, plantaron 10 o 12 camelias, en la seguridad de que nunca pasarían de los 4 metros de altura y que, aunque nunca pudiesen cumplir con el objetivo de dar sombra, si con el de rellenar aquella esplanada de hierba.

La tierra sobre la que viven es escasa y pobre; el agua que les llega, a pesar de estar en Galicia, insuficiente; en invierno la temperatura baja de los 0 grados con frecuencia y en verano cae un sol de justicia sobre ellas. Un poema.

Pues bien, a pesar de todo resisten, aguantan lo que les echen y a finales de abril florecen.

Y a mi me gusta muchísimo que mis padres estén pendientes de ellas, que me manden sus fotos y que vivan cada floración como un triunfo…porque lo es!