Después de un año de mimos y miradas, he decidido cortar mi mano de Buda.
12 meses es un periodo de tiempo larguísimo para conservar un cítrico en el árbol, a pesar de lo cual, éste ha aguantado como un campeón, cambiando el brillante verde inicial por el amarillo casi naranja que ya empieza a apagarse y es que creo que papá árbol ya no puede más.
Ahora que empieza a brotar y que también está floreciendo, no puede permitirse este hijo abusón, que lleva un año chupando de su savia, por eso no me queda más remedio que cortarlo, para que deje paso a hojas y frutos nuevos, que ocuparán su lugar.
Lo echaré de menos, porque a lo primero que miraba al salir a la terraza, siempre era a él.

