
Todas las noches la ardilla corría por el tejado.
Todas las noches los niños se despertaban con los tap, tap, tap de su baile de claqué.
Una noche la ardilla no bailó, ni la siguiente, ni la otra…. Aquella noche la ardilla se había ido a otro tejado.
Los niños no olvidaban a la ardilla.
Papá encargó una ardilla de piedra para que siempre, antes de acostarse, los niños soñaran con la que habían perdido.
