Brillante

Bajo la fealdad de fotografías plastificadas de platos combinados; ensordecidos por los pedidos a gritos de las comandas, el ruido de las máquinas de café y las broncas de baja intensidad entre camareros; deslumbrados por las luces fluorescentes del techo… los príncipes, inmutables, se meriendan un chocolate con churros en El Brillante.