Estoy tumbada en la cama junto a Román, que escribe sobre Horacio, y en uno de nuestros amigables rifirrafes matrimoniales, me comenta si es que voy a ser yo la única que tiene derecho a escribir, por aquello de tener este blog.
Pues bien, mientras lo comentamos, me doy cuenta de que mis últimas entradas son breves, me limito a colgar fotos alpinas y en dos o tres líneas (máximo) describo el Montblanc.
Será que estoy de vacaciones y mis neuronas también.

