El día de mi Primera Comunión vino mi madrina de Madrid.
Mi padre nos hizo esta foto en la que orgullosa llevo puesto mi también primer reloj.
Mi madrina me agarraba tan fuerte de la cintura que las jaretas del vestido se me clavaban en el cuerpo. Todavía hoy puedo sentir su mano al recordarlo.
Qué contentas estábamos. Ella era una persona absolutamente extraordinaria, volviendo a recurrir a una de mis frases favoritas de Jo y que ya he mencionado en este blog, bella por dentro y por fuera.
Algún día escribiré con más detalle sobre ese día… Y sobre ella.
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