Cuando era pequeña, yo creo que todavía no había cumplido 10 años, los fines de semana solía dormir en casa de mis abuelos con mi hermana y con mis primas. Era una vivienda extraña: acogedora, cálida y amable; trasnochada, oscura, y tétrica también.
Todavía recuerdo su olor.
En aquella casa , muchas noches sin que mi abuela se diese cuenta, montábamos en el cuarto chiringos como el que hoy Nico ha hecho en nuestro salón.
Porque será que a todos los niños les gusta tanto hacer eso?

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