Me encanta esa relación orgánica que tiene la cultura británica con la botánica, la horticultura, la jardinería y el paisajismo.
Me gusta el respeto que sus gentes (*) tienen por sus parques y jardines y cómo los convierten en atracciones turísticas; me gusta que sean capaces de pasarse horas hablando de sus peonías o rododentros; me gusta cómo dominan el arte de podar (más bien el de no hacerlo); me gustan sus casonas de campo (a veces palacios) enclavadas en una elegante combinación de césped, grava, setos, arbolado y estanques.
Yo, que sobre todo me siento mediterránea y que estoy en mi salsa entre los pinos carrascos, encinas, jaras, matas de romero, lavanda o tomillos que crecen indisciplinadamente por Sierra Espuña, también me lleno de energía con esos maravillosos paisajes diseñados al milímetro por esos jardineros, auténticos arquitectos de la naturaleza, indudablemente artistas.
Con lo bien que estaría yo ahora paseándome por Luton Hoo en lugar de frente a este ordenador…
(*) ojo, también hay hooligans!!!

