Anda el Señorito Manolo preocupado y con mente y corazón agitados rebuscando materiales para, cual Doctor Van Helsing, fabricar una cruz y colocarla en el camposanto de La Toscana.

Y es que resulta que en ese precioso rincón cerca de los campos de Bugéjar, han dado sepultura a una mujer musulmana (una mora!!!!) sin previamente habérselo consultado, y puesto que el pequeño cementerio pertenece a su familia desde hace generaciones, se ha encontrado con el derecho y en la obligación de restablecer el mancillado orden católico apostólico romano y abanderar, cinco siglos después de finiquitada, la lucha contra el Islam.

Que pensará el Señorito que no iban a resultar en balde los años que Isabel la Católica se vistió con la misma camisa, y que si ahora toca de nuevo blandir la espada contra el infiel se tira de casta hispana y a ello.

Y en cuanto se presente la ocasión, allá que irá a colocar un buen crucifijo en la sepultura de la pobre mujer.

Y es que en este país todavía queda mucho de escopeta nacional