Hace tiempo asistí a una interesante conferencia de un reputado profesor de una escuela de negocios sobre internet y las redes sociales.
Una de las imágenes que ilustraba su charla era el dibujo de una casa que tenía empapelada su fachada con cientos de mensajes en los que se podían leer frases como estas:
“Me llamo Mary, soy rubia tengo 34 años, estoy divorciada de Matt y tengo tres hijos de 6, 9 y 12 años, 2 chicos y una chica”
“El 14 de febrero Lou, mi nuevo novio y yo nos fuimos de cena romántica al Lago Tahoe. Cenamos langosta y bebimos champage. Lou me regaló un fabuloso anillo de diamantes”
“Ayer estuve en el hospital con papá. Parece que la operación del by-pass ha salido perfectamente!”
“Mañana a Paris!!!”
“Llueve en la torre Eiffel!”
“Se acercan la Navidad…de compras en el Mall”
“Buen par de botas, sólo 35$”
“Feliz Thanksgiving desde LA”
Y así hasta 30 o 40 mensajes más.
Enrique nos invitó a reflexionar con preguntas como estas:
¿ Os parece que estos mensajes os los podríais encontrar en el muro de cualquiera de vuestros amigos de facebook, con la consiguiente foto, comentario adjunto, etc, etc?, ¿y en su twitter, que es mucho más público aún?
¿Os parece que pegaríais carteles en las fachadas de vuestras viviendas con esa información?
Pues eso…
