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Creo que fue en el verano del 75 cuando mis padres y tíos fueron a Londres.
Mis hermanos y yo nos quedamos en Totana bajo el cuidado de mi abuela y recuerdo perfectamente cómo iba contando los días que faltaban para su regreso, hasta que por fin, a mediados de agosto, llegaron al huerto.

Lo hicieron cargados de típicos regalos British. Unas boinas y unos kilts escoceses para mi hermana Mercedes y para mí; unos paraguas de plástico transparentes que tenían dibujados unos pájaros de colores y que ni en mis mejores sueños podría yo nunca encontrar en Pontevedra; una muñeca diminuta para mi hermana Lucía, que todavía circula por la casa de mis padres; miniaturas vestidas con el uniforme de la Guardia Real, galletas Walkers de short-bread, chocolatinas After Eight… Y un par de fajas de Mark&Spencer que eran las únicas que soportaba la tía Maruja…