En el Paseo de la Castellana los coches pasan a toda velocidad, aún así es agradable pasear por su bulevar de tierra prensada y observar su arquitectura; los cinco o seis palacetes que sobreviven entre Gutierrez-Soto, Fisac, Moneo, Corrales y Molezún, las Torres de Rumasa…
En Colón entras en el recinto de la Biblioteca Nacional y no sé si es por la energía acumulada en los miles de libros que habitan en el edificio, o por lo que sea, que es traspasar la barrera de entrada de su aparcamiento, y sientes un enorme relax, …curioso, no???
Y entras y te espera una preciosa exposición de caligrafía contemporánea japonesa interrumpida por móviles, clientes y abogados y aún así, al igual que los coches de la Castellana te resbalan, te relajas y disfrutas.
Y voy a publicar este post aunque no está bien rematado, porque lo estoy escribiendo desde el IPhone…ya en casa lo revisaré