Al llegar al restaurante,la Decana hablaba de Bulgakov con una de sus colegas.
En la mesa, ensaladilla rusa (si, la autentica e igualita a la que prepara Paco), chupitos de espirituosos para brindar, empanadillas de calamar, ahumados con crema de yogurt, sopa de remolacha, salmón, filete Strogonoff (también auténtico) y un samovar para servirnos té.
Qué maravilla ver en animada conversación a aquellas damas que pasaban bien de los 60 y que todavía permanecían en sus puestos directivos. Qué pasión por su política, su música, su arte, su cultura…orgullo nacionalista que hasta puedo comprender al verificar in situ la potencia de su historia.
Y pensar que antes de esta visita me planteaba la europeidad de Rusia….
