Se supone que un ministro está para muchas cosas, pero sobre todo, para en casos de crisis como el que nos ocupa, liderar la situación, encauzar los acontecimientos hacia la “normalidad” y transmitir sensación de seguridad y control a los administrados.
Esto se hace todavía más evidente en un ministerio como el de Sanidad por el impacto que todos los temas de salud tienen en la sociedad. No se espera de la Sra. Mato, que ni es médico, ni bióloga ni científica ni tiene ninguna formación relacionada con la materia, tenga el mínimo conocimiento técnico sobre el Ébola o la gripe A o la malaria, pero como ministra que es, si se espera que sepa hacer frente a una situación tan grave como la que se ha presentado con el contagio de Teresa Romero estos últimos días.
A pesar de los jaguares y confetti de la Gurtel y de lo ocurrido con la pobre auxiliar de enfermería, Rajoy la mantiene en el cargo y públicamente le ha mostrado su apoyo. Debe de ser que nuestro Presidente tiene en muy alta estima a la Sra. Mato, probablemente porque la lealtad es un valor indiscutible para él. Al fin y al cabo, esta señora lleva trabajando para el partido desde los 23 añitos (no ha hecho otra cosa más que dedicarse a la política) y de alguna manera el partido y su líder tienen que corresponder a semejante entrega.
Pues bien, puestos a ser leales, la primerísima de las obligaciones del Sr. Rajoy, es serlo con nosotros, con los españoles que le hemos elegido para que saque a este país adelante. Y si él quiere ser leal a la Sra. Mato, que la contrate y le ponga un sueldo de su bolsillo o que la lleve de nuevo a las tareas del PP, pero fuera de cualquier cargo público, porque esta señora no está a la altura del que ocupa.
Ana Mato dimisión
