Es una pretensión pretender escribir sobre mujeres y feminismo en un espacio de apenas 40 líneas, más si tenemos en cuenta que lo escrito es únicamente fruto de mis reflexiones personales, y no de investigaciones profundas y sesudas.
En las últimas semanas, ha habido dos noticias sobre mujeres que me han llamado poderosamente la atención y las dos tienen que ver con la maternidad.
La primera de ellas, el ofrecimiento a las trabajadoras de Apple o Google de incluir dentro de su seguro sanitario la posibilidad de congelar sus óvulos. En palabras de las propias organizaciones, esto les permitirá retener el valioso talento femenino de esas ejecutivas que están en edad fértil, talento que “se desperdiciaría” si se les ocurriese ponerse a procrear en un momento tan poco oportuno, como es entre los 25-35 años, cuando sus neuronas están en plena fabricación de ideas brillantes y “generadoras de valor” para la sociedad y los accionistas. A ellas, esas medidas les darán la oportunidad de desarrollar una carrera profesional de calidad a la par que planificar mejor su “proyecto reproductivo” (ahora se llama así).
La otra noticia que además de llamarme la atención me ha horrorizado, ha sido el fallecimiento de 13 mujeres en la India a causa de la esterilización a la que recientemente se habían sometido. Las campañas de esterilización en ese país son frecuentísimas y están plenamente aceptadas entre la población femenina que voluntariamente se somete a ellas, para no seguir trayendo al mundo más bocas que alimentar. Esas mujeres, bastante tienen ya con la organización de quehaceres domésticos esenciales, como hacer montículos de estiércol de vaca —que se usa como combustible para cocinar—, recolectar madera para leña, coser, hacer ropa, moler granos para usar como alimento, descascarar arrozales, ocuparse de sus niños, de sus mayores, etc,etc, etc. La India es el país como mayor desigualdad del mundo en la atribución de las labores domésticas. Las mujeres en India pasan de promedio 351,9 minutos todos los días realizando estas labores, los hombres no llegan a 60. La mayor parte de las mujeres que van a la universidad en ese país, no practica profesión alguna una vez terminados sus estudios superiores. Casi todas ellas se casan y se dedican a sus familias porque no está del todo socialmente aceptado que la mujer se dedique a otras tareas que no sean las “propias de su género”.
No voy a entrar a valorar las políticas de control de la natalidad de países en desarrollo, como India, donde seguramente son muy necesarias, y además me gusta que haya empresas modernas como Apple y Google que toman conciencia del talento femenino, pero en ambos casos me revuelve ver que una cuestión tan esencial como la procreación, se percibe como una responsabilidad única de las mujeres y la maternidad una especie de “impedimento” para que otros obtengan un mayor provecho de ellas, sea la empresa y sus accionistas, o el resto de familiares a quienes debe atender.
Parce ser que es a partir del Renacimiento cuando empieza a percibirse la maternidad como un problema, una enfermedad, un estado anómalo para la mujer, no como algo inherente a ella, a la vida… y desde entonces hasta ahora en que si la defiendes, salen al degüello las hordas de feministas trasnochadas para tildarte de anticuada, retrógrada, facha y machista.
Y pensar que antes, en algunas milenarias culturas antiguas las mujeres eran DIOSAS precisamente por ser madres…
