Nico está lleno e esquinas. Dormir con él es como hacerlo con la letra Z. Te clava talones, caderas, rodillas, codos o bracitos según la postura. A veces incluso la cabeza. Cuando me despierto por la mañana después de haber compartido lecho con él, lo hago agotada porque es imposible tener descanso con semejante saco de huesos a tu lado. Sin embargo y a pesar de ello, algunas veces le dejamos hacerlo, porque su sonrisa, acariciar su piel, o hacerle “cosquillas mami” compensa con creces ese viacrucis nocturno que es lidiar con su cuerpecillo punzante. Casi cumplidos los 12 años, muy pronto dejará de pedírnoslo….
Nico, eres una luz inspiradora en nuestras vidas. Te adoramos.
