Me imagino que mi gusto por los árboles se debe a que desde pequeña he salido al campo con mi padre, quien me enseñó a distinguir pinos de cedros, chopos de abedules o plátanos de castaños de indias. Recuerdo mi primer verano de estudios en Inglaterra con doce años. Allí era normal encontrar cientos de árboles enormes que lucían en todo su esplendor en cualquier sitio, parques públicos, mansiones privadas, calles…. Árboles suavemente  «diseñados» en los que la intervención de la mano del hombre había sido respetuosa y amorosa con ellos. Troncos proporcionados y ramas acorde con el tamaño de éstos. Parques de césped impoluto, salpicados por árboles estratégicamente colocados para no interferir en su crecimiento y suficientemente apartados unos de otros para poder disfrutar de sus formas.

Nuestra casa de La Salceda, se encuentra junto a la iglesia y frente a «las heras», que viene a ser una plaza del pueblo campestre, donde hay un par de fuentes que se nutren del manantial local, una zona con columpios para los más pequeños, y otra con una especie de gimnasio al aire libre  (no sé como llamarla, pero seguro que hay una forma mejor) para los adultos. Allí hay unos enormes «álamos-chopos» que en primavera y verano cobijan a los niños y mayores que quieran hacer uso de esas instalaciones. Pues bien, parece ser que los padres de los niños, alarmados por la posibilidad de que alguna rama caiga sobre sus retoños (nunca se ha caído un árbol de esas características por esa zona, ni tampoco suelen llevar a sus pequeños a los columpios cuando hay vientos huracanados que pudieran propiciar la misma…)   han pedido la poda de los árboles.

Nosotros, que nos hemos enterado por casualidad, enseguida hemos empezado  una campaña de protección y de defensa de la «poda con sentido», argumentando que solamente sería necesaria una intervención por causas estéticas, de aprovechamiento forestal o fitosanitaria, sin que aparentemente ninguna encaje en esos objetivos…pero nada…parece ser que ya han pedido presupuesto y en palabras de nuestro concejal, » Román y yo vamos a sufrir un poco los próximos meses por ver nuestros queridos árboles pelados…». Menos mal que pretenden encargarle el trabajo a Óscar, nuestro jardinero, que parece ser una persona más o menos sensata y viajada…pero aún así no estoy tranquila. Aquí todo lo podan al «estilo fresno», que no es ni más ni menos que cortar toda la copa, sin contemplaciones, de forma que los árboles se quedan como largas estacas peladas clavadas en el suelo…un horror.

Veremos cómo termina la cosa.