Todavía en la cama, Román me dice que Bowie ha muerto. No puede ser verdad, lanzó su último disco hace 3 días… ¿estaba enfermo?
La primera canción que me viene a la mente es Let´s Dance y de buenas a primeras no entiendo bien porqué. No era mi favorita, ni de lejos, sin embargo…
Empiezo a recordar y entonar “mis” mejores canciones de Bowie… Space Oddity, Heroes, Life on Mars, Ziggy Stardust, Freddie-Under pressure, Ashes to ashes, Absolute beginners, Changes, y buceo en internet donde todo el mundo escribe, siente y piensa en Bowie. Me encuentro con que Nico manda un “in memoriam” al chat familiar con la fecha del deceso.
Y como estoy vagoneta y poco creativa, pienso en colgar en mi blog alguna de las excelentes reseñas que hacen del genio en cualquiera de los medios de más tirón, pero mi Bowie se merece más. Tanta emoción, tanto placer con su música y sus letras, tanta energía.
A Bowie lo pillé relativamente tarde, y ya era muy muy famoso. Llegó a mi vida cuando yo tenía 15 años y ciertamente antes de esa fecha tampoco tenía gran idea del panorama musical más allá de los Beatles, Blondie, Supertramp, los Bee Gees, y los grupos que escuchaba mi primo Perico, Yes, Pink Floyd, Led Zeppelin y los Sex Pistols, que aunque ahora me encantan, entonces no eran santo de mi devoción.
A Bowie empecé a bailarlo en la sesión light de las discotecas (creo que es por eso por lo que Let´s Dance ha sido la primera canción que me ha venido a la cabeza), en seguida descubrí Space Oddity y en el cine vi consternada la película Christiane F, en la que Heroes entraba en tu cabeza para no salir nunca más, porque todavía hoy sigue aquí.
Hay músicos que te meten un chute de energía, pasión, melancolía, libertad, ternura, alegría, tristeza todo a la vez, enmarañado y que te conectan con los ángeles. Para mí Bowie es uno de ellos.
Gracias David por haber entrado en nuestras vidas y quedarte en ellas para siempre. Siempre te seguiré bailando.
