Hace unas semanas, se formó la marimorena en la toma de posesión del congreso porque Carolina Bescansa llegó con su bebé al hemiciclo.

Sin hacer un análisis sociológico-político, simplemente a primera vista y por intuición me gustó el gesto. Y eso que ni soy de Podemos, ni me gusta su estilo, ni sus propuestas, ni me parece que puedan aportar medidas realistas y eficaces para mejorar nuestro país, pero ¿para el debate?…para el debate no están nada mal.

¿Por qué lo que hizo la recién estrenada diputada me hizo sentir simpatía e identificarme con ella? Supongo que porque también yo llevaba a mis hijos recién nacidos a mi trabajo y no me despegué de ellos en sus primeros meses, convirtiéndolos en unos bebés itinerantes allá por donde íbamos.

Hace tiempo que reflexiono sobre lo que para mi significa ser mujer y sobre el derecho que tenemos cada una de nosotras como individuas únicas e irrepetibles a ser FÉMINAS como queramos, y eso fue lo que Carolina Bescansa transmitió con su gesto y con la explicación dada posteriormente: el derecho de las mujeres a ser lo que ellas quieren ser, a criar a sus hijos como deseen, el derecho a no renunciar a SER MADRE ni a  la carrera profesional, el derecho a ejercer nuestra femineidad a nuestra manera,   femineidad en la que también se incluye la maternidad y el cuidado de nuestros hijos.

Creo que uno de los errores de las reivindicaciones feministas de los 70 (ojo, benditas sean todas aquellas que viene luchando por nosotras desde hace tantos años), fue que para luchar por los nuestros, lo que hicieron aquellas mujeres fue mirar a los derechos del hombre y en aras a la IGUALDAD no prestaron la atención debida a esos atributos que incluso aunque no quisiéramos, “ya  teníamos conquistados”: ser madres, ser hijas, cuidar de la familia y de la casa, organizar la intendencia, etc. Ese rol milenario funcionaba (y sigue funcionando) como una cárcel invisible que nos ataba (y nos sigue atando) al entorno doméstico,  de ahí su arrinconamiento fuera del debate.

Y ahora, ¿qué nos encontramos?…pues nos encontramos con que una gran mayoría de mujeres que no renuncian ni a su faceta de madres ni a la de profesionales, se las ven y se las desean para organizarse, cumpliendo mal con ambos compromisos y con un eterno complejo de culpa y sensación de fracaso por no hacer las cosas correctamente. También nos encontramos con otras  que esperan a haber consolidado su carrera profesional para tener hijos y cuando lo logran (muchas de ellas  después de interminables tratamientos de fertilidad) son madres tardías sin la energía física que requiere la crianza pero con ese deseo animal de estar con sus pequeños que en cualquier caso y muy a su pesar,  termina por colocarlas en la obligación de elegir… y eligen a sus hijos.

Mucho nos queda todavía por recorrer. Quizás tengan que ser las millenials, estas chicas que se van a incorporando hoy al mundo laboral con menos compromiso y más demanda de calidad de vida, las que propongan unas soluciones más eficaces y creativas…No lo sé, pero en todo caso me temo que las actuales medidas de conciliación, básicamente enfocadas a las mujeres en lugar de a los hombres, no van a ser suficiente y las guarderías, incluso en el lugar de trabajo, tampoco. No deja de parecerme ABERRANTE que esté bien visto y promovido por nuestra sociedad y nuestras empresas el dejar a un bebé de 4 meses en un lugar de esos…una madre leona jamás haría algo parecido y mamíferas somos también.

Sigamos reivindicando nuestro DERECHO a ser lo que somos, PROFESIONALES, MADRES, HIJAS, ESPOSAS, «ARREJUNTADAS», DIVORCIADAS,  AMIGAS, HERMANAS…lo que nosotras deseemos sin tutela alguna y en un único rol definido por NOSOTRAS: MUJERES.