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Qué descansada tarde refugiados en nuestro cuarto mientras la luz invernal ilumina nuestras sabanas, y admiramos el cuadro de Jo, tan lleno de paz y de energía…

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Tanto monta, monta tanto

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En el Paseo de la Castellana los coches pasan a toda velocidad, aún así es agradable pasear por su bulevar de tierra prensada y observar su arquitectura; los cinco o seis palacetes que sobreviven entre Gutierrez-Soto, Fisac, Moneo, Corrales y Molezún, las Torres de Rumasa…
En Colón entras en el recinto de la Biblioteca Nacional y no sé si es por la energía acumulada en los miles de libros que habitan en el edificio, o por lo que sea, que es traspasar la barrera de entrada de su aparcamiento, y sientes un enorme relax, …curioso, no???
Y entras y te espera una preciosa exposición de caligrafía contemporánea japonesa interrumpida por móviles, clientes y abogados y aún así, al igual que los coches de la Castellana te resbalan, te relajas y disfrutas.
Y voy a publicar este post aunque no está bien rematado, porque lo estoy escribiendo desde el IPhone…ya en casa lo revisaré

La gratitud es la memoria del corazón

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arboles

y a pesar de dónde han nacido…sobreviven

Siempre he intentado (hemos intentado) educar a mis hijos en la cultura del beso. Nunca he sido partidaria de esa libertad que tantos progenitores dan desde pequeñitos a sus hijos a la hora de permitir ser o no ser besados.
¿Porqué dejar en sus manos esa decisión?… “si el niño no quiere, no le obligues, no le achuches, no le toques que no le gusta…hay que respetarlo”…. como si a esas edades ellos supieran mucho del concepto respeto.

Creo que por ese motivo mis (nuestros) hijos ven como algo natural el saludar con un ósculo cuando se les presenta a alguien y por supuesto cuando se encuentran con la familia o amigos. También cuando dan las buenas noches, atentos a mi requerimiento de EL BESO!!!!, cuando éste se les olvida. Ese beso como peaje que han de pagar por irse a la cama.

En una entrada que escribí sobre Nico, comentaba el placer que sentía al estrecharlo entre mis brazos mientras duerme, y cómo me gusta acercar mi cara a la suya, mis labios a sus mejillas y besarlo dulcemente mientras está dormido. Y es que me lo comería a besos, ya que sus hermanos mayores no se dejan.

Lo mismo le debe de pasar a Nit, nuestro perro, que cuando llegamos a casa empieza a caracolear alrededor de nuestras piernas hasta que nos vemos obligados a agacharnos a su altura y le permitimos que lama y mordisquee levemente nuestras manos. De pura excitación, llora mientras lo hace.

Y no pongo en el mismo saco a Nit y a nuestros hijos, faltaría más, pero es que ese pequeño peludo también besa. Será que lo de los besos, no sólo es propio del género humano…

Besemos pues!!!

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Repasando el blog me encuentro que hay entradas en las que escribo sobre Pedro y/o sobre Nico, pero poco sobre Román.

En un par de días cumple 19 años, y como la permanencia e intensidad de la memoria está unida a la excepcionalidad de los acontecimientos, y el nacimiento de un primer hijo es algo extraordinario, todavía recuerdo como si fuese ayer ese 10 de enero de 1995. Supongo que todas las madres lo hacemos, claro.

La llegada al Sanatorio El Rosario con mi maletita llena de jerséis y faldones de bebé; la invasión de amigos y familia antes de que hubiese dado a luz; las contracciones apoyada en la cama abatible de la habitación que, como una campeona, soportaba entre risas nerviosas y quejidos de dolor; el “empuje muñeca” del Doctor Chinchilla en el paritorio; la ausencia total de pudor ante ese acto tan animal, que es el parto…

Cuando me dieron a mi niño limpio y vestido, lo abracé bajo las sábanas de aquella cama con ruedas y el celador me dijo que hacía tiempo que no veía a un bebé tan bonito…así era Román.

La habitación era un hervidero de familia y amigos que entre ostras, gambas y botellas de cava iban acercándose a la cuna a ver al recién nacido, todos ellos felices e ilusionados con el nuevo miembro de la comunidad. A la parturienta flores, un Rolex y pocas consideraciones a su estado.

Ahora cuando lo veo sigo pensando que todo eso ocurrió ayer.