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LUTTON HOO

Me encanta esa relación orgánica que tiene la cultura británica con la botánica, la horticultura, la jardinería y el paisajismo.
Me gusta el respeto que sus gentes (*) tienen por sus parques y jardines y cómo los convierten en atracciones turísticas; me gusta que sean capaces de pasarse horas hablando de sus peonías o rododentros; me gusta cómo dominan el arte de podar (más bien el de no hacerlo); me gustan sus casonas de campo (a veces palacios) enclavadas en una elegante combinación de césped, grava, setos, arbolado y estanques.

Yo, que sobre todo me siento mediterránea y que estoy en mi salsa entre los pinos carrascos, encinas, jaras, matas de romero, lavanda o tomillos que crecen indisciplinadamente por Sierra Espuña, también me lleno de energía con esos maravillosos paisajes diseñados al milímetro por esos jardineros, auténticos arquitectos de la naturaleza, indudablemente artistas.

Con lo bien que estaría yo ahora paseándome por Luton Hoo en lugar de frente a este ordenador…

(*) ojo, también hay hooligans!!!

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Seguro que este coche es del Director General de Tráfico de la Comunidad de Madrid

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El año pasado por estas fechas fuimos a Dublín y allí la mayoría de las chicas calzaban este tipo de zapatos.
Era alucinante verlas en continuo equilibrio por aquellas calles llenas de músicos callejeros y de jóvenes.

Ahora los veo en ECI, y yo me pregunto…quien se empeña en que las
mujeres nos pongamos plataformas como las que llevaban las actrices porno de los 90?

Y cómo sé yo que en las pelis porno de los 90 se veían esos zapatos?…
A hhhh…
Lo sé

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Mira que me gustaría a mi ser jardinera en La Granja…o mejor fontanera (que de fuente, viene)…bien que le iba a dar yo a esa válvula, ama de las aguas.

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la granja

Cuando yo era pequeña, los niños celebrábamos los cumpleaños “de otra manera”. Como mucho nos limitábamos a invitar a nuestros dos o tres mejores amigos/as, nos acompañábamos de hermanos, primos, abuelos y tíos, y las madres organizaban una merienda a base de medias noches de jamón y queso, aceitunas, fantas, patatas fritas, ganchitos y tarta para terminar. Al menos así eran las que se celebraban en mi familia.

En mi octavo cumpleaños, por primera y única vez (que yo recuerde), mi madre se apartó del formato de celebración habitual extendiendo la convocatoria a bastantes niñas más, algunas eran las hijas de compañeros o amigos de mis padres, otras mis vecinas con las que jugábamos ocasionalmente. En total nos debimos de juntar unos 15 pequeños.

Como nada era habitual en aquella fiesta, mi madre compró una piñata que rellenó con todo tipo de juguetitos pequeños, chupetes de anís, carracas, chicles bazoka, palotes, chupa-chups Kojac, silbatos, globos… pero el mejor regalo era un pequeño muñeco vestido de mariachi de color negro que lo rellenabas de agua y que al apretar su enorme sombrero, lanzaba un chorro por aquel sitio emulando al Manneken Pis. Estoy segura de que mi madre no conocía ese “detalle” cuando lo compró, si no, nunca lo hubiese metido en el paquete de la suerte.

Yo, que había visto la operación de rellenado de la piñata, me quedé prendada de aquella miniatura (ojo, que “su funcionalidad” la conocí después), pero como nunca he tenido suerte en las tómbolas, rifas, tiros al blanco ni nada por el estilo, estaba segura de que no me iba a tocar.

Sin embargo, hete aquí que cuando llegó el momento de romperla y todos los niños tiramos de nuestra cinta, yo que me quedé de pié observando cómo caía aquel maná infantil mientras todos los demás se arrastraban por el suelo en busca del botín, vi caer el muñeco debajo de una librería muy cerca de mis pies, no pensé en el resto de las cosas y me lancé a por él, atrapándolo rápidamente con mis manos. Casi me sentí avergonzada y con cierta sensación de tongo por haber conseguido el objeto más chulo de todos, pero qué narices, pensé… era mi cumpleaños.

Esa fiesta quedó grabada en mi memoria y mira que he cumplido muchos años después, pero es la que recuerdo con mayor intensidad. Ayer, aunque dos días sobre la fecha correcta (nací el 20 de septiembre), celebré mi cumpleaños con mis hijos y mi marido. No hubo piñata ni tarta, pero si paseo por la Granja, amor, cielo azul, bojs recortados, setos de carpe, castaños de indias pre-otoñales, conversaciones sobre Woody Allen y unos judiones de primera.
No tendré suerte para las tómbolas, creo que mucha para lo demás. Doy las Gracias a Quien corresponda.

Hoy hemos celebrado mi cumpleaños en familia.
Había muchas opciones y al final he optado por una de las que a mi me da energía: La Granja.
Creo que esa es la razón por la que es un lugar al que vamos al menos un par de veces al año.

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Cuando era pequeña, yo creo que todavía no había cumplido 10 años, los fines de semana solía dormir en casa de mis abuelos con mi hermana y con mis primas. Era una vivienda extraña: acogedora, cálida y amable; trasnochada, oscura, y tétrica también.
Todavía recuerdo su olor.
En aquella casa , muchas noches sin que mi abuela se diese cuenta, montábamos en el cuarto chiringos como el que hoy Nico ha hecho en nuestro salón.
Porque será que a todos los niños les gusta tanto hacer eso?

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loto

Cuando terminé mi primera clase de Ikebana, al salir a la calle tiré el material a la papelera.
Había sido una experiencia traumática desde muchos puntos de vista.
La segunda vez que fui al taller, lo hice renqueando y a desgana y porque mi maestra me había llamado por teléfono para recordarme lo que ya se había convertido en una obligación y yo, que algo de la formalidad del colegio de monjas debía conservar, le tomé la palabra y allí me presenté en la C/ Eduardo Aunós.
Han pasado 13 años desde entonces y el aprendizaje que me ha aportado ha superado con creces lo que yo esperaba.
Si mi acercamiento al arte floral japonés fue puramente estético y «paisajístico», me encontré con una experiencia que pasa por el autocomocimiento, el respeto a los demás y a la naturaleza, el valor del silencio, la obediencia, el tesón, la dignidad, la perseverancia, la jerarquía, el arte, las tradiciones, la sutileza, la cultura, la excelencia…tantas cosas.
Le doy las gracias a Masako por todo ello, porque pocas personas me han enseñado tanto.
Ayer, por primera vez, la oí llorar.
http://www.ikebana-enshuspain.com/

Estamos ahora mismo en nuestro salón acompañados de Santiago Auserón, Alaska, Mecano, Ronaldos, y lo confieso, también hemos catado a Camilo Sesto y a Raphael…benditos ochentas, bendito spotify…será que como pasado mañana es mi cumpleaños me mola volver a los 18…

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