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Leo esto en ABC
http://www.abc.es/tecnologia/redes/20130913/abci-empresas-ganar-dinero-guerras-201309131026.html
En una conversación el pasado mes de agosto, alguien comentó que los Ministros de Defensa/Secretarios de Estado/Presidentes de USA no tenían memoria histórica, y por ello erraban una y otra vez con «intervenciones bélicas» (GUERRAS) para detener a tiranos varios, instaurar democracias, proteger a las minorías…Será eso o que hay mucho género que colocar.
Leo el artículo y me dan ganas de vomitar. Y eso que soy de las que cree a pies juntillas en la realpoitik.

No me va el tele trabajo.
A los 20 minutos de abrir el ordenador, me encuentro pensando en el menú del día o en sí la terraza necesita más flores amarillas, que está un poco tristona. Me levanto a limpiar el polvo que veo que se empieza a acumular sobre el altavoz, coloco bien los cojines, corro/descorro cortinas… En fin, que no termino de concentrarme del todo.

Menos mal que esto va a durar poco y la semana que viene vuelvo a la vorágine diaria de reuniones de control, auditorías, entrevistas con candidatos, conferencias y presentaciones varias, supervisión de documentaciones, certificaciones RICS y CESB, selección de docentes, promociones, faxing, emails, anuncios, banners.
Casi que me quedo en casa…

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Llueve mansamente en Madrid, el cielo es gris monocolor y forma una nube infinita, como si tuviera la intención de descargar agua hasta el día del juicio final.

El viento es suave y ligero en estos momentos, asique las hojas de los plátanos que se ven desde casa todavía aguantan en el árbol.

Se dan las condiciones perfectas para que Nico disfrute de su palacio imaginado:

Son las 9 de la mañana de un sábado de otoño. Acabo de levantarme y me preparo un baño caliente. Por la ventana de mi cuarto he podido ver como llueve. Las gotas rebotan en la máquina del aire acondicionado que cuelga por fuera y salpican los cristales.
Me acerco a la bañera y me aseguro de que en la cabecera tengo a mi alcance varios tipos de champús y geles. Cojo de la ducha uno que falta y que me encanta y lo alineo junto a los demás (es de mi hermano Román y huele de maravilla). Me meto en el agua y sumerjo mi flaco cuerpecillo, mis piernas, mi abdomen, brazos, caderas, cabeza… Aguanto unos segundos y emerjo con los pelos tapándome los ojos, los masajeo con los líquidos de los botes que tengo a mi espalda y enseguida me meto debajo del chorro del grifo para quitarme la espuma que ya me llega a la barbilla. Salgo a toda velocidad y me visto. Bueno, me pongo otro pijama limpio que acabo de coger del armario. Es mi favorito, una camiseta que tiene dibujada la armadura de un caballero y unos pantalones de algodón muy suaves que me trajo mi abuela de USA hace años y que ya no me cubren los tobillos.
Me voy al salón donde la luz es muy tenue y me llevo mi ordenador y una caja de legos. Voy alternando las construcciones de la pantalla con la composición de hombrecillos del ejército de Luke Skywalker y alienígenas de Star Wars.
Y así estaré toda la mañana, hasta que, todavía en pijama, mi madre me llame para comer.

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Y yo que pensaba que era un cartel

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calendulas

Las primeras semanas de septiembre entra en Madrid una quinta estación, el veroño.

De repente se acortan los días; en las aceras se empiezan a ver las primeras hojas secas y marrones, (no porque ya “se haya parado la savia”, sino porque el calor asfixiante del mes de agosto las ha abrasado); por la noche hay que cerrar las ventanas para poder dormir con cierto confort; los quiscos se llenan de deprimentes fascículos y a partir de las 21.00h las calles empiezan a despoblarse.

No me gusta el veroño porque no es ni chicha ni limoná. No hace ni frío ni calor; te roba en un pis-pas las renovadas energías del verano; te pone los pies en la tierra, en lo que a tu disciplina laboral diaria se refiere; no sabes qué ropa puedes ponerte… y además entre seguros, uniformes, libros, colegios, etc, se gasta muchísimo.

Por eso, aunque a algunos no les guste, estoy deseando que llegue el otoño. Que llueva en Madrid; que la rutina del trabajo esté tan presente en mis días que no se me haga nada cuesta arriba; que me apetezca ponerme botas; que los brotes más fuertes de mi glicinia se conviertan definitivamente en tronco; que la cochinilla algodonosa se rinda y deje en paz a mis cítricos; que podamos tomar cocido y guisos varios bien a gusto; que podamos vestir nuestras camas con edredones y arrebujarnos con mantitas mientras vemos una película en el salón. Que lleguen las caléndulas al vivero para adornar mis macetas.

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Una feminista que prácticamente empieza su discurso hablando de las amas de casa, los hijos, la colada…
Vamos avanzando respecto a los 70

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boda escorial

Cual tango de Gardel, sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…
A estas horas, hoy hace 20 años que felices y enamorados nos casamos en El Escorial

MEGEVE