Piaf

Objetivo, poner Totana en luz. Mal empezamos con la piscina convertida en charca…

Camino de la Puebla, paisaje provenzal, mal que le pese a alguna…

Desde la terraza de la Casa del Agua observamos cómo los vencejos se inflan a mosquitos…y la campana sonando.

Al atardecer en casa de Juan, chicos y chicas en piscina; piercings y tatoos veinteañeros. Suena Rodríguez. Desnudo masculino en el agua, como si estuviéramos en una cala ibicenca.

Intensa sensación pre-vacacional. Empanadillas, chuletas, longaniza, tinto de verano, copas, tabaco y amigos.
Aunque viejos y jóvenes digan,
que la culpa es mía,
censúreselos a ellos,
que hablaron tanto
en deshonra mía.
Hace unas semanas cenamos en casa de unos amigos a los que nos une una afín aunque poco pródiga amistad.
Todos los invitados eran gente educada, interesante, divertida y después de varios temas al final de la velada nos encontramos hablando sobre las diferencias estéticas de distintas culturas.
Comentamos el Elogio de la sombra de Tanizaki; hablamos de lo maravillosos que son los kimonos de gala coreanos; del Libro de la Almohada de Sei Shonagon; de la consideración social que, allá por la Edad Media, disfrutaban los sastres persas, por el hecho de dominar el corte de las mangas con sisa!; de la natural inclinación de los occidentales hacia las formas simétricas; del desarrollo del Ikebana en el periodo Edo…
En fin, como diría la amiga Rosa «todo muy sencillito”.
De lo que allí se contó, lo que más me gustó fue esta anécdota que le ocurrió a Leopoldo C-S.
En una reunión académica Leopoldo conoció a un profesor japonés con quien hizo cierta amistad y a quien en su interés de consolidar esa incipiente relación, invitó a cenar. Fueron a un restaurante en cuya entrada había un jarrón con flores azul añil.
El profesor nipón, que domina nuestro idioma, le preguntó a nuestro amigo cuál era el nombre de aquellas en español. Leopoldo, bastante azorado, reconoció que no lo sabía.
Al cabo de más de una hora de conversación y cena, el profesor japonés dejó sus cubiertos en el plato y mirando fijamente a los ojos de su colega exclamó…lirios.
P. ¿Qué influencia tiene Internet en su trabajo?
R. Ha hecho que el proceso de captura de imágenes sea más rápido así como revisar el material, distribuir la información, organizar las reuniones, conectarse, planificar viajes, preocuparse por los plazos de entrega, ahorrar tinta de la impresora, despertarse por la mañana, acordarse de sacar la basura; dar de comer al perro y al gato, y cepillarse los dientes.
Sin embargo, Internet no me ha ayudado a contemplar como la luna llena se eleva sobre mi ventana; a ver un pájaro enseñar a su cría a volar en una tarde lluviosa; a inspirarme para escribir las primeras palabras de un poema; a sostener en mi mano la carta de una madre que ya no está aquí; a ver a un hijo transformarse en un hombre; a esperar, pacientemente, que una montaña lejana cambie al final del día de un azul brillante a un rojo incendiado; a sentarme en silencio mientras una araña teje su red, y a recordar algo que ya había olvidado.








