A la vida madrileña, a la peluquería, a los tacones, a los saludos a los colegas profesionales del IE y a los camareros de José Luis, a la compra semanal en el CI, a los paseos vespertinos por el barrio con Román, a mi recreación del huerto en mi terraza urbana, a los niños en la ruta.
Ahora si.
Los últimos días del mes de agosto suelen ponerse tontorrones en Totana.
Me refiero a que sus habituales cielos azules se vuelven blanquecinos y pesados y no son capaces de convertirse en tormenta, dado el agotamiento estival.
La sensación que me produce esta época se repite año tras año. Es una especie de melancolía que anuncia la vuelta a Madrid, al foro, al rimmel en la pestaña, a la vida capitalina, a los amigos bien amados, a la moqueta de mi casa, a mi terraza, a la rutina escolar, a los paseos del sábado por la mañana, al mercado de La Paz, a las clases con Jesús…
…Y es que me estoy poniendo contenta!!!
Será que las pilas hemos cargado.
El día de mi Primera Comunión vino mi madrina de Madrid.
Mi padre nos hizo esta foto en la que orgullosa llevo puesto mi también primer reloj.
Mi madrina me agarraba tan fuerte de la cintura que las jaretas del vestido se me clavaban en el cuerpo. Todavía hoy puedo sentir su mano al recordarlo.
Qué contentas estábamos. Ella era una persona absolutamente extraordinaria, volviendo a recurrir a una de mis frases favoritas de Jo y que ya he mencionado en este blog, bella por dentro y por fuera.
Algún día escribiré con más detalle sobre ese día… Y sobre ella.
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