Grullas

Si difícil es conseguir que la poesía traducida mantenga el espíritu, esencia, sentido y sonoridad de las versiones originales, lo que ocurre con los haikus es sencillamente milagroso.

Traducir versos de lenguas con las que compartimos abecedario es complejo. Traducir de algo tan conceptual como un Kanji, es para nota.

Sin embargo, sorprendentemente se puede; o al menos se puede lo suficientemente bien como para que las cartesianas mentes de tantos occidentales sean capaces de conmoverse con ellos…

A mí, me ocurre.

Juan Muñoz
Cristina – Juan, Juan – Cristina…Sobre ellos no tengo claras preferencias.

Cristina Iglesias

De la bandada de los mil pajaros,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge

Vaca en el Reina Sofia

Me gusta ir a los mercados, o, cómo se dice en Galicia, a “la plaza”.

Cuando era pequeña solía acompañar a mi madre a la de Pontevedra, que, a pesar de la reciente rehabilitación de César Portela, sigue casi igual que entonces.

En la planta alta están las frutas, verduras y hortalizas; también hay un pequeño puesto, a medio camino entre un colmado de aldea y una anticuada tiendecita de lácteos, en el que se puede comprar queso de tetilla, membrillo, yogures o unto. En el mes de junio y ya durante todo el verano, se instala una mujer casi anciana, que vende pimientos de padrón en bolsas de cien, que es como se venden esos pimientos. Es increíble verla en la operación de llenado de las bolsas; mete su mano en la cesta y la saca con 5 piezas entre sus dedos, ni una más, ni una menos, así veinte veces hasta llegar al número exacto. Luego te regala un puñadito más, “para compensar por si saliera alguno picante”, (léase con acento del Ulla).

En la planta baja las pescantinas se distribuyen en la zona central, las flores bajo la gran claraboya y los puestos de marisco al fondo. En todos los laterales se encuentran las carnicerías organizadas por especialidades. Las de cerdo, en las que hay embutidos, churrascos y lacones; las pollerías, con aves, huevos, conejos y caza en temporada; las de vacuno, en las que además de vaca y ternera, también hay cordero. Estas últimas, todas sin excepción, tienen en sus paredes un cartel de color azul con una o dos vacas dibujadas, cuyos cuerpos están divididos por músculos y escrito sobre cada uno de ellos su correspondiente nomenclatura culinaria: falda, babilla, morcillo, lomo, solomillo, tapa, redondo, rabillo, aleta, contra… Me encantan esos sustantivos. Me encanta ese cartel, que de tenerlo, colgaría en mi cocina.

Brillante

Bajo la fealdad de fotografías plastificadas de platos combinados; ensordecidos por los pedidos a gritos de las comandas, el ruido de las máquinas de café y las broncas de baja intensidad entre camareros; deslumbrados por las luces fluorescentes del techo… los príncipes, inmutables, se meriendan un chocolate con churros en El Brillante.

feminismo contemporaneo

Será porque no soy suficientemente feminista.
Será porque entiendo el feminismo de una peculiar manera, políticamente incorrecta.
Será porque al ver este cartel se pone en funcionamiento mi estómago, no de mis neuronas.

No lo sé, pero me espantan ese tipo de «eventos»….womenalia…inspiration day…si al menos le cambiaran el nombre…

Cielo de MAdrid 27 de mayo

Lunes, 27 de mayo a las 21.00h después de un tormentón de granizo.

De pequeña era una niña bastante tímida, o más qué tímida, reservada, que se ponía colorada cuando creía que la atención de los adultos se centraba en ella.

Quizás de entonces viene ese celo por mi intimidad o mi identidad, lo que explica que en muchas reuniones prefiera guardar silencio, observar y escuchar. Seguro que también contribuye a esa actitud mi incómoda sordera, y esta personalidad gallega que me acompaña y que un día finamente describió Bieito Rubido al afirmar que, “a los gallegos no nos gusta exponernos ni desnudarnos ante los demás”… Mal que me pese, me temo que algo de eso hay.

Ese carácter reservado se ponía a prueba durante todas las vacaciones de mi infancia, fueran en verano o en Semana Santa, cuando la familia Albarracín (apellido que llevo en tercer lugar), se reunía en Totana; allí confluíamos y convivíamos adultos, niños y adolescentes; abuelas, padres, hermanos, tíos y primos.

Había en aquella casa familiar un precioso cuarto de estar de enormes ventanas rodeadas de buganvilla y diamela, dónde todas las noches se jugaba a las cartas (canasta, King, gin-rummy o escoba) mientras se escuchaba música en un plato Panasonic que, dada la variedad de público, no tenía más remedio que aguantar todo tipo de estilos.

A mi abuela le gustaban Sinatra y Rajmaninov.

Allí escuché por primera vez a Chavela en los discos que la tía Lucia “la americana” había traído de Berkeley, La música para los cuadros de una exposición de Mussorgsky, El mar de Debussy…
Con el tiempo llegaron los álbumes Rojo y Azul de los Beatles, y bastante más adelante Yes, Pink Floyd
y Supertramp.

De todos aquellos discos mi recuerdo probablemente más intenso y antiguo (porque no debía de tener más de 7 años), es el álbum de Sweet Caroline de Neil Diamond. Aquella canción la amaba y odiaba a partes iguales, porque, aunque me encantaban sus notas alegres y pegadizas, era un torpedo a mi timidez galaica. Cuando sonaba, toda la familia dejaba sus ocupaciones, me miraba fijamente y entonaban al unísono

“sweet caroline, nanánana
Good times never seemed so good …, nananananá
I’ve been inclined… nanánana
To believe they never would Oh no no
Nananánanananana…nananá..ná…ná..ná…

Supongo que sólo Mariluchi lo haría en un inglés perfecto…el resto se limitaban a canturrearla, pero a mí me daba igual la dicción, me ponía colorada como un tomate y aunque tuviese ganas de esconderme debajo de la mesa, aguantaba el tirón frente a todos como una campeona. Esto debía de ser allá por el año 73 o 74.

Después fué peor porque vino Fórmula V con Carolina, que también padecí, y para rematar los aires de la transición trajeron a Fuxan os ventos, un grupo de música folk gallego, que había recuperado una canción popular que se hizo famosísima en Galicia y que también me cantaban, aunque en el colegio.

La canción decía así:

A saia da Carolina,
ten un lagarto pintado;
cando a Carolina baila,
o lagarto moveo rabo

Co meu amor Carolina
Non volvas a bailar
Porque che levanta a saia
I e moi mala de baixar

Y eso que era un colegio de monjas…

Y eso que yo me llamo CAROLA….

INDUSTRIALES

Por su estructura, por su color, por lo que alberga dentro, porque si…
Mi favorita es.

Chalet VISO

Adolf Loos en Madrid