sirena

Hace muchos años, yo creo que recién llegado Román Jr al mundo, fuimos a casa de Escobedo y Mabel en Pozuelo de Alarcón.
A Antonio no le conocía en profundidad, pero tenía referencias de él más que suficientes para poder adivinar una personalidad sofisticada, exquisita, amante de las cosas bellas, ecléctico, hiperactivo en sus múltiples intereses y coleccionista voraz. En una de las vitrinas de aquel piso de “urbanización ochentera para familias bien de padres profesionales” descansaba la que desde entonces fue mi sirena y que nada más llegar a aquella casa había llamado mi atención.
No debía de ser un objeto especialmente valioso y pasaba humildemente desapercibido en aquel lugar poblado de jarrones de Sèvres, figuras de marfil, chaise- longues de los Eames , libros, discos, raquetas de squash, palos de golf, perros de porcelana y de carne, alfombras persas, equipos de música…
Antonio se dio cuenta, abrió la vitrina y me la regaló y recuerdo que dijo “para ti, porque es como tú”. Menudo piropo!