Cuando terminé mi primera clase de Ikebana, al salir a la calle tiré el material a la papelera.
Había sido una experiencia traumática desde muchos puntos de vista.
La segunda vez que fui al taller, lo hice renqueando y a desgana y porque mi maestra me había llamado por teléfono para recordarme lo que ya se había convertido en una obligación y yo, que algo de la formalidad del colegio de monjas debía conservar, le tomé la palabra y allí me presenté en la C/ Eduardo Aunós.
Han pasado 13 años desde entonces y el aprendizaje que me ha aportado ha superado con creces lo que yo esperaba.
Si mi acercamiento al arte floral japonés fue puramente estético y «paisajístico», me encontré con una experiencia que pasa por el autocomocimiento, el respeto a los demás y a la naturaleza, el valor del silencio, la obediencia, el tesón, la dignidad, la perseverancia, la jerarquía, el arte, las tradiciones, la sutileza, la cultura, la excelencia…tantas cosas.
Le doy las gracias a Masako por todo ello, porque pocas personas me han enseñado tanto.
Ayer, por primera vez, la oí llorar.
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Dios mio, Carola. Debe de estar pasando algo horrible. Pobre!
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Horrible para una japonesa que se quedo en el año 45… Y es que sus díscolas alumnas españolas no le están ayudando lo que ella espera en la organización de nuestra exposición 40 aniversario….
Es que hay que conocerla.
Ella espera de nosotras obediencia ciega, respeto absoluto, abandono de nuestros trabajos, familia, amigos y lo que se tercie para ayudarla en la Escuela, en fin… Lo que ella hizo con su maestra…
Bs. Y buen viaje mañana
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