Esta mañana cuando he ido al cuarto de Nico a apresurarle para que se fuera rápidamente al ascensor, me lo he encontrado como petrificado observando atentamente su ventana. Allí estaba un gorrión pequeñísimo intentando picotear la planta crasa y mi todavía niño pequeño, mi príncipe adorado,  me ha confesado que le encanta que los gorriones vayan a su ventana a visitarle. Hoy, antes de irme al trabajo, he dejado unos cuantos mendrugos de pan en el alféizar. Hoy, al llegar del trabajo por la noche, ya no estaban.