En los últimos años cada vez que he ido a la playa he visto más y más personas con tatuajes. Antes era algo excepcional reservado para los más alternativos y outsiders, y ahora, sin saber la causa y de repente, no encuentras brazo, escote, muñeca, hombro o cuello sin él. Personas que llevan una vida convencional, padres y madres de familia, jóvenes estudiantes, fontaneros, ingenieros, pilotos de avión, abogados, funcionarios…da igual la posición o “extracto social”, cualquiera lleva hoy un tatuaje.
El juicio de valor que antes se hacía ante una persona tatuada, (desde una óptica convencional y pequeño burguesa, claro) te llevaba a un mundo de cuasi-delincuencia, marineros de baja estofa o “colgados varios”, visiones carentes totalmente de sentido hoy en día.
Al ver a toda esa banda con sus cuerpos voluntariamente violentados por las agujas yo me pregunto, ¿por qué y para qué se tatúa la gente? Hace tiempo le pregunté a una colega profesional que porta una linda mariposa en su cuello y me dijo que ella se había hecho el suyo porque le hacía sentirse sexy.
En la serie House of Cards veo una escena en la que Jackie Sharp, líder de la mayoría demócrata en el Congreso, se encuentra acostada boca abajo en una camilla mientras un experto tatuador graba un precioso rosal en su espalda, un enjambre de flores fruto de muchas sesiones de tinta en su piel. En otra escena, desnuda en la cama con su amante, éste le pregunta que «por qué lo hace» y ella le contesta que es adicta al dolor que le produce la aguja en su cuerpo.
Yo misma, algunas veces lo pienso, ¿molaría tener una pequeña estrella en algún lugar estratégico de mi anatomía, sólo visible para el amado?….y ¿qué me hace fantasear con esa posibilidad?….Personalmente relaciono la decisión de tatuarse con la expresión de máximo poder a la que puede llegar cualquier individuo, el poder que tenemos sobre lo único que de verdad poseemos, nuestro cuerpo. Cualquiera de nosotros hemos de responder ante nuestros jefes, debemos igualmente someternos a miles de reglas para convivir en sociedad, horarios profesionales, obligadas rutinas diarias de las que no podemos escapar, obligaciones que nos vienen impuestas cual contrato de adhesión y que nos determinan como ha de ser nuestro día a día, una rueda invisible de procesos, obligaciones, normas que aceptamos sin rechistar, o sea que mandar lo que se dice mandar de verdad…lo hacemos sobre nuestros cuerpos; un poder infinito y sobre el que somos nosotros quienes ponemos sus límites.

Yo creo q se trata de dificultades para sentir de la sociedad del exceso y de la mente que nos tiene an(estesiados). Y también quizás la identificación con el ego, la personalidad, lo que nos separa, y no lo que nos une!